Campo Elías Delgado: la masacre de Pozzetto




“—Hemos perdido a Dios —sentenció el sacerdote.

—Lo que más me angustia es que últimamente tengo ideas raras, imágenes que me atormentan, que me persiguen a todas partes.
—¿Ideas como de qué?
—De crímenes, de asesinatos, padre.
—¿Cómo? —dijo él abriendo los ojos y arrugando la frente.
—Veo cadáveres, cuerpos sangrando, víctimas suplicando, quejándose y arrastrándose por el piso.
—¿Y qué sientes cuando tienes esas visiones?
—Ganas de rematarlos, padre, porque yo soy el asesino, yo soy el que los hiere y los extermina”.

Mario Mendoza. Satanás


Campo Elías Delgado Moreno nació el 24 de junio de 1934 en Chinácota, Colombia. Su padre se suicidó cuando él tenía seis años. Cuando era niño, un vecino tenía un loro en su casa. A él no le gustaba ese animal. Se ingenió la manera de meterle, poco a poco, alfileres para matarlo. Llegó un día en que el loro no podía caminar. Lo revisaron y estaba lleno de alfileres; el loro murió poco después, entre atroces dolores. Campo Elías estudió medicina y luego se enlistó para la guerra de Vietnam en 1970, en donde estuvo presente en dos oportunidades, la segunda de voluntario. Fue Boina Verde y parte del cuerpo de las Fuerzas Especiales del Ejército de los Estados Unidos. Viajó en misiones especiales a Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá y España. Luego de retirarse se refugió en las calles de Nueva York. Allí intentaron atracarlo, por lo que decidió regresar a Bogotá, en donde recibía mensualmente su pensión en dólares, aunque dejó de llegar inexplicablemente a su apartado aéreo y, curiosamente, tampoco la siguió reclamando.



Campo Elías era un hombre de estatura mediana. A sus 52 años, tenía un paso firme y rápido. Su madre era una persona de presencia pulcra y sencilla. Tras su experiencia en la guerra, Campo Elías se volvió antisocial y amargado. Era incapaz de desarrollar relaciones o amistades con otras personas y culpaba a su madre por esto. Con los años el resentimiento contra su madre creció. Su sueño era ser reconocido como un gran escritor. Pero sobrevivía dando clases privadas de inglés y cursaba estudios superiores en la Universidad Javeriana de Bogotá. Uno de los rasgos sobresalientes de su personalidad era un desmedido afán por el orden y la pulcritud. En el Centro de Estudios Profesionales, donde meses antes de la masacre aprendió programación y manejo de computadores, lo recuerdan por su puntualidad a toda prueba y su obsesión limpieza, que lo llevaba, casi ritualmente, a retocar con su pañuelo todas las mañanas la pantalla y el teclado del computador y a lavar con sumo cuidado sus manos después de terminada la práctica. Desarrollaba además la puntualidad de manera obsesiva y la rectitud sin tacha en el manejo del dinero. Nunca se atrasaba en sus pagos y cumplía siempre con los términos en los negocios que realizaba.



En su vida social era un caballero sin tacha. Serio, metódico y reputado como inteligente, terminó sin problemas sus estudios secundarios, diciéndose de él que era un alumno ejemplar, de buenas costumbres y destacado como uno de los mejores del establecimiento. Era un fanático del aseo personal. Después de ducharse, no se secaba el cuerpo con toalla sino con papel higiénico, para que la operación fuera más aséptica, rehusando además compartir el baño con su madre, única persona con la que convivía, y quien se veía por tal motivo obligada a utilizar el baño de servicio. A veces golpeaba a su madre a causa de los ataques de ira que sufría.



El pasaporte de Campo Elías


No bebía ni fumaba, andaba siempre pulcramente vestido aunque en mangas de camisa y sus zapatos permanecían bien lustrados y relucientes. Cuando alguno de sus compañeros le preguntó, en una ocasión, por qué salía a la calle tan desabrigado, sin importarle el frío bogotano, Campo Elías se limitó a responderle: "Porque tengo el corazón caliente". Campo Elías Delgado era celoso con su vida íntima. Durante año y medio que mantuvo amistad con Jaime Paz, su profesor de computación, jamás habló de su vida personal ni se interesó tampoco por la de éste. La comunicación se limitó casi siempre a tareas funcionales que tenían que ver con su oficio en común. Lo llamaba, por lo general de madrugada, para consultarle problemas atinentes a programas que intentaba construir y cuando lograba superar el obstáculo, llegaba a primera hora al centro de estudios a compartir con el profesor su éxito. Nunca, sin embargo, una palabra sobre su madre; nunca relatos sobre su pasado.



Damián Alcázar como Campo Elías Delgado en la película Satanás


Alrededor del departamento donde convivía con su madre había tendido una espesa cortina de humo. A nadie daba el teléfono ni la dirección exacta. Cuando se refería a su madre la llamaba "esa señora", dando la imagen de una anciana brutal y controladora que seguía sus pasos y quería conocer hasta el menor detalle de sus relaciones amistosas. Campo Elías estaba enamorado de una de sus estudiantes de inglés, una jovencita de quince años llamada Claudia Rincón Becerra, hija de una mujer llamada Nora Becerra de Rincón. A Claudia le obsequió un ejemplar del libro El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, la novela de Robert Louis Stevenson. Claudia leyó el volumen y se enamoró de la trama. Campo Elías siempre le decía que en una misma persona convivían dos personalidades muy diferentes. Incluso, estaba escribiendo un ensayo sobre esta obra.






El doctor Jekyll y el señor Hyde


El miércoles 3 de diciembre, Campo Elías se encontró con un amigo de la Facultad de Literatura: el escritor colombiano Mario Mendoza. En una entrevista concedida tiempo después, Mendoza recordaría: “A finales de 1986, yo era un estudiante de Letras que estaba terminando su tesis de grado en una Universidad de Bogotá. Un profesor me envió a un sujeto que pasaba ya de los cuarenta años de edad y que estaba interesado en el tema de los dobles, es decir, en aquellos famosos personajes literarios (William Wilson, Henry Jekyll) cuya personalidad se quiebra y se fragmenta hasta el punto de obligarlos a vivir dos vidas contrapuestas en dos individuos diferentes. El hombre en cuestión se llamaba Campo Elías Delgado y estaba matriculado en la Facultad de Educación.



Mario Mendoza, escritor colombiano


“Simpatizamos rápidamente y compartimos el material bibliográfico que yo había recogido para mi monografía. Campo Elías era un lector voraz, agudo, y me di cuenta enseguida de que era un solitario amargado, cuyo único aliciente en la vida era el silencioso placer de la lectura. El último día en que nos vimos nos tomamos un café y discutimos sobre Egaeus, aquel personaje de Poe que termina arrancándole los dientes a su amada en un lóbrego cementerio nocturno…”



Satanás: la cinta sobre Campo Elías Delgado



Después de eso, Campo Elías fue a las oficinas del Banco de Bogotá para cerrar la cuenta de número 4352354 que tenía allí; su saldo era de $49.896.93. El cajero intento redondear la cifra, pero Campo Elías no estaba de acuerdo. Se quejó y exigió hasta que recibió los centavos completos, para quedar sin deberle al banco y sin que el banco le debiera nada a él; era un problema, pues las monedas de centavo ya estaban fuera de circulación. Esa misma tarde, Campo Elías adquirió aproximadamente quinientos proyectiles para un revolver calibre .32 largo. Sus problemas personales, el rechazo que había sentido por parte de las mujeres, su distanciamiento con la madre y el resentimiento social, explotarían en una incontrolable ola de violencia. Esa noche, tras regresar al departamento donde vivía con su madre, Rita Elisa Morales de Delgado, inició una discusión con ella. Luego empezó a golpearla, tomó un cuchillo y le dio varias puñaladas, hasta que la mató.



El Banco de Bogotá


Al otro día, el jueves 4 de diciembre, igual que otros asesinos en masa, se dio un duchazo y se vistió con ropa limpia. Guardó en su maletín el revólver y las municiones, y se fue a buscar a un amigo con el que jugaba ajedrez, pero no lo encontró. Fue luego a visitar a Nora Becerra de Rincón y a su hija Claudia. Sin que esta última se diera cuenta, Campo Elías amordazó y amarró a la mujer, intentando abusar sexualmente de ella. Después tomó un cuchillo y la asesinó en la sala de la casa, dándole cuatro puñaladas. Luego se dirigió a la recámara; Claudia estaba estudiando. Campo Elías la abordó, hablaron de nuevo sobre Jekyll y Hyde, y después la obligó a tenderse sobre la cama; la amarró de pies y manos y la amordazó. Se puso sobre ella, la besó en la boca en repetidas ocasiones y después comenzó a apuñalarla; le dio veintidós puñaladas antes de que la chica muriera. Tomó el ejemplar del libro de Stevenson y se lo llevó consigo. Claudia tenía un hermano de once años llamado Julio Eduardo, quien no estaba cuando los asesinatos ocurrieron. Fue el primero que se dio cuenta de lo que había pasado con su mamá y con su hermana cuando entro a la mañana siguiente al departamento.






El cadáver apuñalado de la adolescente Claudia Rincón Becerra


A las 16:00 horas regresó a casa; envolvió el cadáver de su madre en papel periódico y la roció con gasolina, prendiéndole fuego. Con el pretexto de llamar a los bomberos, hizo que le abrieran la puerta dos vecinas, que respondían a los nombres de Inés Gordi Galat y Nelsy Patricia Cortez, y vivían en el departamento 301; también las mató de un disparo en la cabeza. Fue entonces al departamento 302, donde vivía Gloria Isabel Agudelo León, mujer de cincuenta años con quien Campo Elías siempre tuvo problemas. Ella salió a averiguar lo que sucedía y esto le costó la vida.



El edificio de departamentos


Después de esto bajo al apartamento 101, donde Matilde Rocío González y Mercedes Gamboa le abrieron la puerta. Las chicas estaban estudiando, pero lo dejaron entrar para que llamara a los bomberos. También les disparó en la cabeza. En ese mismo lugar, Campo Elías hirió a otra estudiante, quien murió después, cuando era atendida en el hospital San José. Salió luego del edificio por última vez y se quedó diez minutos observando un cartel que hablaba sobre una obra de Federico García Lorca: Bodas de Sangre. Mientras estaba allí, se cruzó con él Blanca Agudelo de González, una vecina. Otra vecina, Berta Gómez, vivía con las estudiantes asesinadas y logró salvarse porque saltó hacia el patio interior de apartamento al escuchar las detonaciones, saliendo rápidamente del edificio. Una vez afuera, detuvo a una patrulla de policía. Los agentes, al darse cuenta de que el cuarto piso se estaba incendiando, le dijeron que esa labor era para los bomberos y que ellos se encargarían de llamarlos pero, para variar, ninguna de las autoridades que tuvieron la oportunidad de reaccionar a tiempo lo hicieron.



El anuncio de Bodas de sangre contemplado por el asesino


Después de esto, Campo Elías se dirigió al departamento 201 de otro edificio. Clemencia de Castro le abrió la puerta; después de que le preguntara sobre su marido, Jesús Fernández Gómez, ella lo invito a entrar. Durante su visita, Clemencia y él estuvieron hablando. Lo notó nervioso, no se sentaba, se mantenía caminando de un lado para otro y repetía frases que ya había dicho. Clemencia le ofreció una Coca Cola, la bebida favorita de Campo Elías. Hablaron del hijo de Clemencia, Andrés, a quien le había ido mal en el colegio. Campo Elías le pidió reiteradamente que no lo fuera a regañar, porque el chico se tenía que "arreglar". Luego él mismo habló brevemente con Andrés y le dio unos consejos; Clemencia noto que Campo Elías estaba armado, pues declaró que "se le notaba el bulto debajo del saco". Le dijo a la mujer que se iba para un viaje, y que de la única familia que pensaba despedirse era de ellos; afirmó que se iría a China y que no volvería jamás. Hacia las 18:45 horas, se despidió lamentando que Jesús no hubiera estado en la visita. Les dijo que los quería mucho. Clemencia le preguntó si les iba a escribir y Campo Elías sólo le dijo que no se preocupara, porque iba a recibir noticias suyas muy pronto.



Clemencia de Castro, la amiga de Campo Elías


A las 19:15 horas, Campo Elías Delgado llegó a su lugar favorito: el restaurante italiano Pozzetto, en la carrera séptima con 61, el sector bogotano de Chapinero. Saludó a los meseros que lo conocían por ser un cliente habitual y después ordenó media botella de vino tinto, así como un plato de spaghetti a la bolognesa. Varias veces se levantó al baño.



El restaurante italiano Pozzetto




A las 20:00 horas terminó de cenar y pidió un destornillador (vodka con jugo de naranja). Luego ordenó otro y se lo bebió al tiempo que leía una revista estadounidense. Dentro del primer piso del restaurante, donde él se encontraba, había treinta y cinco personas cenando. Para las 20:15 horas, ordenó un tercer cocktail; poco después se sentó en la barra. Le entregó la revista y un poema al barman y pidió un cuarto vodka.



La última cena


A las 21:00 horas, pidió la cuenta; le dejó una generosa propina al mesero y se fue al sanitario con su maletín. Regresó poco después con la pistola en la mano y el ejemplar de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde en el bolsillo. Seis disparos iniciaron la masacre. Campo Elías se acercaba a las mesas, apuntaba a las personas, les gritaba que se trataba de un asalto, las obligaba a ponerse boca abajo y les disparaba en la nuca. La niña Johana Cubillos Garzón presenció cómo el asesino mataba a su hermana; después se acercó a ella, pero no la mató.



La matanza





Campo Elías disparó más de trescientas balas. Mató allí a cinco mujeres y a nueve hombres, e hirió gravemente a quince personas más; seis de ellos morirían más tarde. Siendo un ex Boina Verde, su puntería era excelente. Ejecutó a las personas de un certero tiro en la cabeza, igual que lo hizo horas antes con su madre, su alumna y los vecinos del edificio.



Las víctimas




Cuando hubo disparado contra todas las personas que había en su rango de visión, y según versiones de testigos, Campo Elías pronunció sus últimas palabras: “Mi nombre es Legión”. Según testimonios, apuntó el arma contra su cabeza y disparó. Una niña llamada Johana Cubillos Garzón, estaba allí esa noche negra: no solo vio morir a su hermana de once años, sino que aseguró a la revista Semana que vio cómo Campo Elías se suicidaba. "Yo vi todo, yo era la única que lo estaba viendo. El loco pedía que le dieran dinero en efectivo y que dejáramos los billetes sobre las mesas, al tiempo que daba vueltas en el salón disparando y matando. De pronto se paró junto a mí, me miró y pensé que me iba a matar, pero no lo hizo. Pensé que dispararía pero no lo hizo, no sé por qué no me mató, pero a mi hermana ya la había asesinado. Yo miraba cómo mataba a la gente y no podía hacer nada. Hasta que llegó la policía y rompió un vidrio, entonces vi cómo el loco se disparó y cayó". Pero investigaciones posteriores demuestran que Campo Elías recibió varios disparos, dos en el pecho y cuatro en la cabeza, lo cual haría imposible que se hubiera quitado la vida.



El cadáver de Campo Elías




Los testigos pudieron observar cómo llegaban las primeras patrullas de policía, escucharon más disparos y presenciaron la forma en que los agentes de la policía destruían ventanales para entrar al lugar. El dueño del restaurante, Bruno, salió de este gritando que no le destruyeran el negocio. La policía entró y los agentes comenzaron a disparar. Un joven salió diciendo: "¡Mataron a nuestra madrecita!"






Los agentes de la policía rodean el restaurante Pozzetto





Los heridos fueron trasladados a los hospitales San José, San Ignacio, San Pedro y al Hospital Militar. La policía se dio gusto disparándole al cadáver de Campo Elías, para luego decir que habían sido ellos quienes lo habían matado.



La policía saca el cadáver del asesino


Al otro día de la matanza, el diario El Tiempo publicó: "En una acción infernal, sin antecedentes en el país, un psicópata colombiano ex combatiente de la guerra de Vietnam asesinó anoche a veintidós personas en Bogotá. El desquiciado sujeto -cuyo padre se suicidó hace 38 años bajo un palo de mango, en Bucaramanga- mató a su propia madre, incendió su residencia, recorrió los demás apartamentos, eliminó a cuatro universitarias, luego se dirigió al restaurante Pozzetto, donde comió y bebió sin prisa, y dio muerte a otras catorce personas".



El restaurante tras la masacre





El cadáver de Campo Elías fue reclamado por un sacerdote de la Comunidad del Perpetuo Socorro llamado Luis Alberto Pachón Arias, para darle sepultura. Pero luego resultó que el cura no lo era, según la Curia. El restaurante Pozzetto reabrió nueve días después con gran éxito y aumentó el número de clientes que acudían a ese lugar. En 2002, el escritor colombiano Mario Mendoza publicó Satanás, una novela basada en este caso, la cual alcanzó gran éxito de ventas y varios premios internacionales de literatura.



Una empleada lava la sangre de la parte exterior del restaurante


Mendoza recordaba a Campo Elías Delgado en la Universidad Javeriana de Bogotá, cuando era estudiante, y sostuvieron una amistad a partir de la literatura, la cual compartían. Conversó con él tan sólo horas antes de la masacre. Posteriormente, esta novela fue llevada al cine por el director Andrés Baiz. Mendoza afirmó en una entrevista: “Al día siguiente (de vernos), Campo Elías apareció en todos los medios de comunicación como el autor de una serie de asesinatos que sobrepasaba las veinte víctimas. Los noticieros de televisión informaban que el criminal había matado primero a una alumna suya y a otra mujer que la acompañaba, luego a su propia madre y a unos vecinos, y finalmente había entrado en una pizzería y había disparado indiscriminadamente sobre la mayoría de la clientela reunida allí para cenar. Los periodistas afirmaban que Campo Elías había sido héroe de la guerra de Vietnam y que desde entonces se encontraba trastornado y con graves problemas psicológicos.



Los titulares


“El psiquiatra colombiano Luis Carlos Restrepo fue el único que se fijó en un hecho curioso: el asesino había entrado en el restaurante con un libro en el bolsillo: El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde, de Robert Louis Stevenson. Restrepo escribiría más tarde en una revista una frase que quedó grabada en mi memoria para siempre: ‘la clave de los crímenes está en ese libro’”.



VIDEOGRAFÍA:

Campo Elías Delgado en Instinto asesino



Satanás (trailer)




BIBLIOGRAFÍA:






FILMOGRAFÍA:

Susan Smith: "La Filicida"



"Junto al dolor del mundo mi pequeño dolor.
Junto a mi arresto colegial la verdadera cárcel de los hombres sin voz.
Junto a mi sal de lágrimas
la costra secular que sepultó montañas y oropéndolas.
Junto a mi mano desarmada el fuego.
Junto a mi sed los niños ahogados
danzando interminablemente sin noches ni estaturas"
.
Roque Dalton



Susan Leigh Vaughan nació el 26 de septiembre de 1971 en Union, Carolina del Sur (Estados Unidos). Su padre biológico se suicidó de un disparo cuando Susan tenía siete años.



Susan en sus tiempos de estudiante


Además su padrastro, un acaudalado hombre de negocios de Union, la había acosado sexualmente cuando ella tenía dieciséis años. Susan intentó suicidarse a los trece años. No lo consiguió y volvió a tratar a los dieciocho.



El padrastro de Susan Smith


Tenía diecinueve años cuando se casó con David Smith, de veinte, gerente de la tienda local Winn-Dixie, de quien tomaría el apellido con el que sería conocida.



El joven David Smith


Para 1994, la joven pareja había tenido dos hijos: Michael, de tres años y Alex, de catorce meses.



Las víctimas: Michael y Alex Smith


Por un tiempo el matrimonio pareció ser exitoso, pero antes de mucho tiempo las discusiones acerca de las infidelidades de uno y de otro sirvieron para colocarlos cerca del punto de ruptura. Finalmente, David se mudó y se estableció en su propio apartamento.



David Smith de regreso a la soltería


Susan empezó a salir con el soltero más preciado, Tom Findlay, de veintisiete años, cuyo padre era propietario de Conso Productos Co., una fábrica de adornos que empleaba a más de quinientas personas. Tanto Tom como Susan trabajan para Conso, el empleador más grande en la comunidad.



Tom Findlay en el anuario escolar


Susan y Tom iban al cine, hacían largas caminatas y a menudo se encontraban para cenar. Susan creía firmemente que él la amaba. Ciertamente ella había sucumbido al adinerado y deslumbrante Tom Findlay.



Tom Findlay en los días previos al crimen


Por eso quedó totalmente desolada cuando recibió una carta de Tom declarando que ella realmente le gustaba, pero que no se sentía lo suficientemente maduro como para tomar la responsabilidad de una esposa y dos hijos pequeños.






Las cartas de Susan Smith y Tom Findlay


La próxima vez que Susan vio a Tom tuvo un ataque de furia y le hizo saber lo que pensaba de él. Al día siguiente, el 25 de octubre de 1994, Susan condujo su Mazda color rojo a la orilla del lago John D. Long. Sus dos hijos estaban perfectamente asegurados en sus sillitas en el asiento trasero. Ambos niños estaban dormidos. Susan se detuvo en una rampa que llevaba al lago. Eran alrededor de las 21:00 horas.



De acuerdo a la declaración que Susan haría tiempo después, colocó una videocámara en la parte trasera del auto para que filmara todo el evento. Aplicó el freno de mano y se bajó del auto. Pensó en su matrimonio roto, el rechazo de Tom y en la futilidad de su vida. Terminaría con todo y se llevaría a los niños con ella. Fuera cual fuera el proceso de los pensamientos que pasaban por su mente, el instinto de conservación persistió. Se estiró, presionó la parte de arriba del freno de emergencia del Mazda y bajó la palanca. Lentamente el auto se deslizó hacia el lago. Susan cerró la puerta fuertemente, sellando el destino de sus dos pequeños hijos. Observó mientras el auto flotaba levemente sobre las oscuras aguas y se alejaba de la costa. Luego, lentamente, se hundió con su carga humana dentro.



Shirley y Rick McCloud oyeron los gritos histéricos que provenían del porche del frente. Corrieron a la puerta y fueron recibidos por una Susan Smith que sollozaba incontrolablemente. "Por favor, ayúdeme, por favor, ayúdeme. Tiene a mis niños y tiene mi auto". Los McCloud se las arreglaron para calmar a la trastornada mujer y finalmente se enteraron de la razón de su angustia. Susan les contó que un hombre negro había tomado su Mazda y sus hijos a punta de pistola. Ella se había parado en un semáforo en rojo en Highway 49, justo en la curva hacia el lago. Los McCloud llamaron a emergencias. La policía llegó e inmediatamente se instituyó una cacería para recobrar a los niños raptados.



El retrato robot del sospechoso descrito por Susan Smith


Los ciudadanos de Union habían oído de raptos de autos que habían tenido lugar en ciudades distantes como Nueva York o Chicago, pero nunca en la tranquila y pacífica Union. La noticia del extraño crimen fue proclamada a gritos por la estación de radio WBCU, la única emisora de la ciudad. El Union Daily Times publicó la historia en primera plana. El pueblo no hablaba de otra cosa. Todos rezaban por el pronto retorno de Michael y Alex.



A los dos días de estar en la investigación, los detectives se preguntaban cómo un hombre negro con dos niños blancos en el asiento trasero del Mazda podía seguir prófugo durante tanto tiempo.



Pensaron que era posible que el auto hubiera sido arrojado al lago. Se emplearon varios buzos para buscar en el fondo cerca de la rampa, pero no se encontró nada.



Ambos padres estuvieron dispuestos a someterse al detector de mentiras. David pasó con todos los honores. Los resultados de Susan fueron menos satisfactorios. Ellos indicaron un nivel de engaño cuando se le preguntó, "¿Sabe dónde están sus hijos?" ¿Era posible que hubiera llevado los niños en secreto a algún lugar distante, quizás con un pariente lejano? ¿Qué razones tendría?



David Smith durante la investigación


Había algunas inconsistencias en su historia. El sheriff Wells se preguntó cómo podía haberse detenido ante un semáforo en rojo cuando la luz en la intersección está permanentemente en verde a menos que un auto en la calle que cruza apretara la señal para cambiar. Susan les había dicho que no había autos cerca en la noche del secuestro.



El sheriff Boyle Wells


Además estaba la pregunta de su destino esa noche. Ella le había dicho al sheriff que estaba en camino para visitar a Michael Sinclair, el prometido de su mejor amiga. Pero Michael no la había estado esperando. Ni siquiera estaba en casa esa noche.



Susan dijo que en el rato previo a las 21:00 horas, había estado de compras con sus hijos en Wal-Mart; sin embargo, nadie recordaba haberla visto allí. Enfrentada con la discrepancia de Wal-Mart, Susan cambió su historia. Ahora declaró que había estado conduciendo sin rumbo fijo, pero tuvo miedo de contar la verdad por temor que atrajera sospechas en su dirección.






David y Susan Smith


Susan apareció en televisión rogando por el pronto regreso de sus hijos sanos y salvos. Con David a su lado, relató cómo rezaba cada día por su regreso. Entre sollozos, controlándose a duras penas, imploró al raptor que mostrara compasión y devolviera a los niños a su padre y a su madre. Para entonces, los ciudadanos de Union y de la nación compartían la agonía experimentada por la joven pareja, quienes inexplicablemente habían perdido a sus hijos. El sheriff Wells y su equipo de investigadores no podían entender por qué no aparecía el Mazda rojo. En el quinto día después del supuesto secuestro, Susan apareció en las tres redes de televisión más importantes y declaró nuevamente que no tenía nada que ver con la desaparición de sus hijos. Más tarde y de manera inexplicable, ese mismo día le confesó al sheriff Wells que ella había asesinado a Michael y Alex.



La confesión manuscrita de Susan Smith


Susan contó cómo había planeado su suicidio junto con la muerte de sus niños. Repitió una y otra vez cuánto amaba a sus hijos. Al confesar declaró: “No quería vivir. Sentía que debía acabar con las vidas de todos nosotros para protegernos de todo reproche y de todo daño”. Reveló que el auto, con los niños dentro, podría ser encontrado en John D. Long Lake.



El arresto de Susan Smith



Los buzos corrieron a la base de la rampa. No podían comprender cómo habían dejado de ver el vehículo durante las zambullidas previas. Se dieron cuenta de que habían cometido un error. Supusieron que cualquiera que quisiera deshacerse de un vehículo rampa abajo, lo enviaría a toda velocidad. No imaginaron que el asesino lo dejaría rodar lentamente dentro del agua. Un auto que se mueve a toda velocidad se hunde casi inmediatamente. Un auto al rodar lentamente dentro del agua tiende a flotar y derivar lejos de la orilla. Esta vez los buzos localizaron el Mazda a treinta metros de la orilla. Previamente lo habían perdido por unos tres o cuatro metros. Dentro del Mazda estaban los cuerpos de Michael y Alex Smith.



El rescate del auto con los cadáveres



Susan, ahora convertida en una de las asesinas más despreciadas en los Estados Unidos, languidecía en la cárcel, esperando el juicio. En el verano de 1995, se declaró no culpable de asesinato.



Se da la noticia del arresto de Susan Smith


Su abogado intentó probar que había estado legalmente insana cuando soltó el freno de emergencia del Mazda para enviarlo rodando dentro del lago. Los psiquiatras diagnosticaron que sufría de un grave desorden de personalidad.



Los abogados defensores: David Bruck y Judy Clark




El fiscal Thomas Pope


Durante el juicio, salieron a la luz sus intentos de suicidio. La defensa argumentó que se trataba de una enferma mental que se quebró ante la presión y el dolor: “Una joven madre, profundamente atribulada y trastornada, que intentó sobreponerse a una vida fracasada y se rompió. Se rompió donde otros de nosotros simplemente nos hubiéramos doblado”.






La Corte durante el juicio por asesinato



La transformación de Susan Smith en nueve meses de prisión fue radical, al menos en su apariencia externa. La joven atractiva que pedía al país por televisión que le ayudara a encontrar a sus hijos, apareció en el juzgado pálida, obesa y mordiéndose las uñas.



Susan Smith durante el juicio




El vídeo de la reconstrucción de los hechos conmocionó a todos los presentes en el juicio. La cámara de vídeo instalada en el asiento trasero por la misma Susan reproducía con dramática lentitud el horror.



Los titulares sobre el crimen




Cuando el coche alcanzó las aguas permaneció casi dos minutos prácticamente inmóvil en la superficie. Gradualmente, el agua comenzó a penetrar por los bajos. Alcanzó el parabrisas. El jurado pudo presenciar cómo el agua amarillenta y helada fue subiendo por los pies, las piernas. Un ascenso que duró hasta que la pantalla se inundó de negro. Cinco minutos y cincuenta y dos segundos interminables. Tres miembros del jurado, la acusada y varios espectadores, rompieron a llorar.



El sepelio de los niños


Susan fue encontrada culpable de asesinato y sentenciada a cadena perpetua sin posibilidades de salir bajo palabra por treinta años, el 22 de julio de 1995.



El juez William Howard



La madre de David y la madre de Susan tras el veredicto



El 4 de noviembre de 2024 podrá pedir su libertad bajo palabra. Ya en prisión, tuvo relaciones sexuales con dos custodios, quienes fueron cesados al descubrirse el hecho.



Susan Smith en la cárcel


Susan Smith inspiró un capítulo de las series televisivas La ley y el orden y otro de Oz. También la canción "The ballad of Susan Smith", de Lee Ann Brown. Y en su caso se inspiró lejanamente la película El color del crimen (Freedomland).



VIDEOGRAFÍA:

Susan Smith en Índice de maldad



Susan Smith en Mente criminal



El color del crimen (trailer)



"The ballad of Susan Smith" - Lee Ann Brown




BIBLIOGRAFÍA:






FILMOGRAFÍA:



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